Las explosiones y los impulsos emocionales

1.- Los impulsos emocionales.

>Las emociones son en esencia impulsos, que nos llevan a actuar de diferentes formas. Por  ejemplo: el enfado, aumenta el flujo sanguíneo a las manos, haciendo más fácil empuñar un arma o golpear al que amenaza, también aumenta el ritmo cardiaco y la tasa de hormonas; como la adrenalina que genera la cantidad de energía necesaria para cometer acciones agresivas, en las que no se tiene control.

En el caso del miedo, la sangre se retira del rostro (lo que explica la palidez y la sensación de quedarse frío). Y fluye a la musculatura esquelética larga, como las piernas, favoreciendo así la huida. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse, aunque sólo sea un instante.
Las conexiones nerviosas de los centros emocionales del cerebro, desencadenan también   una respuesta hormonal que pone al cuerpo en estado de alerta, sumiéndolo en la inquietud, y predisponiéndolo a la acción, mientras la atención se fija en la amenaza inmediata con el fin de evaluar la respuesta más apropiada. Por ejemplo.

Los impulsos emocionales

La alegría. Uno de los principales cambios biológicos  producidos por la alegría, consiste en el aumento de la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos negativos y de aquietar los estados que generan preocupación. Al mismo tiempo, aumenta el caudal de energía disponible. En este caso, no hay un cambio fisiológico especial, salvo, quizás, una sensación de tranquilidad, paz y armonía que hace que el cuerpo se recupere más rápidamente de la excitación biológica provocada por las emociones perturbadoras.  Esta condición, proporciona al cuerpo un reposo, una disponibilidad para afrontar cualquier actividad que se esté llevando a cabo y fomentar también la consecución de una amplia variedad de objetivos.

Los sentimientos de ternura y amor, activan el sistema nervioso parasimpático (el  opuesto fisiológico de la respuesta de lucha o huida, propia del miedo y de la ira). La reacción parasimpática ligada a la respuesta de relajación, engloba un amplio conjunto de reacciones que implican a todo el cuerpo, y que dan lugar a un estado de calma y satisfacción que favorece la convivencia.
Las personas que son conscientes de sí mismos y de su estado de ánimo mientras experimentan el amor, y la ternura gozan de una vida emocional sana y equilibrada. Son personas cuya claridad emocional impregna todas las facetas de su personalidad, y tienden a tener una visión positiva de la vida. Son personas, que cuando caen en un estado de ánimo negativo, no le dan vueltas obsesivamente y en consecuencia, no tardan en salir de él. En conclusión tienen buena predisposición  para el manejo  y el control de  sus emociones.

En el caso  opuesto. Las personas atrapadas en sus sentimientos, son aquellas que suelen sentirse desbordadas por sus emociones y que son incapaces de escapar de éstas, sus propias incapacidades  las convierten en  esclavos de su estado de ánimo. Son personas muy volubles y no son conscientes de sus sentimientos, y esa misma falta de consciencia y percepción, les hace sentir abrumados y perdidos en sus emociones y en consecuencia, sienten que no pueden controlar su vida emocional, y aceptan  resignadamente vivir en ese estado emocional.


2.- las explosiones emocionales.

El darse cuenta de las emociones y la forma como se manifiesta, facilita  el proceso de sanidad.  Es importante reconocer las reacciones que provoca en el cuerpo cada una de las emociones, y también conocer su origen. Todos hemos tenido, tenemos y tendremos reacciones extremas que no se encuentran bajo nuestro control. A esto se le conoce como explosión emocional o pérdida de control.
Es en esos momentos cuando el centro emocional del cerebro rige al centro racional. Estos pueden ser tanto momentos de crisis (una pérdida, una agresión, un susto…) como momentos de alegría (una buena noticia, el encuentro con un ser querido…)
Normalmente, cuando entra un estímulo a través de nuestros sentidos, la información pasa al tálamo (una región primitiva del cerebro), donde se traduce neurológicamente, y la mayor parte de esos estímulos pasa después a la corteza cerebral, donde funciona nuestra parte lógica y racional. Es la corteza quien se encarga de tomar la decisión ante el estímulo sensorial. Sin embargo, no toda la información pasa en forma directa del tálamo a la corteza cerebral. Una parte más pequeña de la información, pasa directo del tálamo al centro emocional, lo que permite que tomemos una decisión instantánea e instintiva antes de que nuestra parte racional logre procesar la información.  Esta reacción instantánea y automática entre el tálamo y los centros emocionales es la que origina la "explosión emocional", y el resultado es que actuamos antes de pensar, a veces para beneficio nuestro y otras para perjuicio.
En estos casos cuando la corteza racional, no puede ejercer control cuando se presenta una emoción extrema. Lo que sí puede es determinar cuánto va a durar dicha emoción.  En las explosiones emocionales se producen también fenómenos expresivos como gritos  gemidos y llantos perturbándose el tono afectivo habitual, alterándose el ritmo de los pensamientos y perdiendo en algunos casos el control de los actos. En las emociones muy violentas, las personas  liberan los sentimientos reprimidos, donde  el sujeto puede expresar un vocabulario inapropiado y hasta realizar gestos brutales.

Desde niños nos han enseñado que no está bien llorar, ni mostrar debilidad. Y por eso procuramos mostrarnos ante los demás fuertes, alegres, aunque por dentro estemos a punto de estallar y nos sintamos vulnerables y débiles emocionalmente. Intentando esconder lo que sentimos, reprimiendo nuestras emociones, negándonos a nosotros mismos, seremos una bomba de relojería. Y es así como llega la  explosión emocional, ese día en el que ya  no puedes mas,  te sientes cansado, agotado, con ganas de dejarlo todo, y entonces te desbordan tus emociones, no puedes controlarlos, afloran sin permiso y te sientes  mal.  A la misma vez tu cuerpo responde físicamente  con dolores enfermedades, con reacciones físicas y molestias. Esto es lo que se llama “somatizar”.  Si analizamos y observamos la explosión emocional, nos daremos cuenta de que no ha surgido de la nada, sino que durante un tiempo imprescindible ha  estado aguantando y no permitiendo que aflorasen los sentimientos, algunos de ellos inconscientes. Por lo tanto podríamos deducir si lo negabas, si no le permitías salir, en realidad no lo aceptabas. Y si sigues buceando, quizás descubras pensamientos de auto exigencias, como por ejemplo, “tengo que estar bien” por eso enmascarabas tus sentimientos ocultándolo en lo más profundo y “gracias a ello”, podías seguir viviendo con la sensación falsa de control y equilibrio.

Te sugiero que cuando experimentes un  sentimiento permítete vivirla en toda su expresión, aceptando que eres un ser humano y que tienes emociones, valorando estas como parte de  un proceso de aprendizaje de cambio y maduración. De ahí que es necesario encontrar vías sanas de expresión de las emociones, que no sea dañina para uno mismo ni para los demás.
Recordar que todo sentimiento de  represión es negativo, hace crecer las emociones internas con más intensidad y dolor y en consecuencia provoca explosiones.

De ahí la importancia de  aprender a desarrollar la  inteligencia emocional y además  nos ayuda a   tener habilidades en cuatro aéreas:
Identificar las  emociones
Usar las emociones
Entender las  emociones
Regular las  emociones.

Cuando somos conscientes de haber protagonizado una escena emocional, solemos apoyarnos en razonamientos para justificar nuestra conducta, es decir culpando a los demás de haber provocado nuestra explosión emocional. Pero la realidad es que esta actitud no está justificada, salvo en situaciones muy puntuales. (Porque alguien no ha respondido a tus expectativas o no se ha comportado como esperabas o simplemente porque las cosas no han sucedido como estaban previstas, reaccionar de forma descontrolada no es la mejor alternativa). Si además eres responsable de un equipo de trabajo y  descargas sobre ellos tu frustración no es la mejor opción para mantener  el respeto en tu equipo. Es posible  que en el trabajo seas un jefe o un empleado ideal, que mantienes buenas relaciones con todos y te tragas cada día mucha rabia, mientras mantienes el tipo, pero soltar toda la presión cuando llegas a casa, descargándola en tu familia, no es sano.
¿Qué puedes hacer si te ocurre alguno de estas cosas? ¿Cómo controlar tus impulsos emocionales?

Te sugerimos algunos ejercicios
► Aceptación es la palabra clave. Si eres capaz de aceptar lo que  está ocurriendo en tu vida, entre otras cosas porque no puedes cambiarlo, habrás ganado gran parte de la batalla. La aceptación de conducirá al entendimiento para actuar con inteligencia
► No emplees tiempo en buscar culpables, inviértelo en pasar a la acción para darle una solución a lo que ocurre dentro de tus posibilidades. Después podrás analizar lo ocurrido y aprender a gestionarlo.
► Relativiza y no magnifiques lo que ocurre. Lo que ahora parece muy negativo, mañana probablemente no parezca tan grave.
► Apóyate y refuérzate internamente cuando hayas conseguido controlarte  ante una explosión emocional
► Rechaza el hábito de la autocompasión, el pensamiento de victima solo conducirá a que los demás tengan lastima de ti.
► Reconoce tu fuerza interior, te servirá para darte un impulso para lidiar con el estrés emocional

Hay momentos en los que, ya sea el miedo o la rabia, acaban cegándonos  por completo  donde cometemos fallos que en otras circunstancias no lo  habríamos hecho. El peligro de esta ceguera es que perdiéramos el control alterándonos,  reprochándonos o culpando a otros y podemos cometer actos de injusticia de difícil excusa. Llegado a este punto cuando reaccionamos de manera exagerada sin pensar, perdiendo el control de la situación y de nosotros mismos. En ese momento se produce un secuestro emocional en toda regla.

26/02/2018
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