Estructuras Mentales y la Depresión

Efectos de las estructuras mentales en la depresión y ansiedad.

1. Estados de ánimo.

En el fondo de nuestra conciencia siempre existe algún estado de ánimo, aunque, por lo general, no nos percatemos de cómo fluyen y refluyen mientras llevamos a cabo nuestra rutina cotidiana. Pero el día a día hace que estemos mucho más preocupados por nuestros pensamientos, sumergiéndonos en la tarea que estamos llevando a cabo, sin percibir los sentimientos que esto genera en nosotros.

Para sensibilizarnos de este ruido subterráneo de estados de ánimo y emociones es necesario que hagamos una pausa mental, pausa que raramente nos permitimos. Nuestros sentimientos nos acompañan siempre, pero raramente nos damos cuenta de ello, por el contrario, solamente nos percatamos cuando éstas se desbordan. Es como si nuestras emociones tuvieran su propia agenda, pero nuestras agitadas vidas no les dejan espacio ni tiempo libre y, en consecuencia, se ven obligadas a llevar una existencia subterránea. Toda esa presión mental, al final siempre termina sofocando.

2. Analfabetos emocionales.

depresion

A las personas incapaces de reconocer e identificar sus propios sentimientos, las podríamos denominar “analfabetos emocionales” En ciertas personas, esta ignorancia constituye una especie de olvido de los mensajes que nos manda nuestro cuerpo. Por ejemplo, jaqueca, dolor lumbar o ataques de ansiedad.

3. la sordera emocional.

Si durante nuestra infancia tuvimos padres tóxicos, con sus gritos y palabras agresivas nos hirieron los oídos. Cada vez que escuchamos, sufrimos. Por eso tememos las palabras ajenas grabadas en nuestro subconsciente. Por lo tanto vivimos en una sordera psicológica defensiva.
Habéis escuchado alguna vez la expresión “sordo emocional” Aquí te explico: El cuerpo es sabio y expresa las emociones, por lo tanto si no sabemos escucharlo o atenderlo, si negamos nuestros afectos, sufriremos mas corporalmente. Esa sordera psíquica produce una ruptura en la íntima unión que tiene el cuerpo con la psique y provoca las manifestaciones que conocemos como “psicosomáticas”.
Es cuando el cuerpo te puede, aparecen dolores, enfermedades que tardan en curar o son continuas, recuerda esos resfriados eternos, si tu cuerpo va a la deriva y reacciona con enfermedades diferentes no solo es tu sistema inmunológico, es que ocurre algo en la psique y hay que tratar de descubrirlo porque el cuerpo emite señales, señales importantes que pueden cambiar nuestra vida.

¿Cómo procesamos nuestras enfermedades?

Hay una conjunción entre lo sensorial y lo verbal. Cuando verbalizamos nuestras experiencias afectivas, recurrimos con frecuencia a metáforas sensoriales como “temblé de miedo”, “llevo una mochila en la espalda”, “me ahoga la tristeza”…
¿Has tenido alguna vez un dolor en el estómago? Vas al médico y te diagnostica gastritis, que en épocas de estrés se agudiza y se mezcla con un ardor intenso que hace que no puedas digerir ni comer determinados alimentos. Aparecen más gases de la cuenta y pinchazos de vez en cuando para seguir avisándote. Tú día a día hace que la salud se resienta, el ritmo del trabajo, la vida privada que llevamos a veces a un extremo, las responsabilidades del hogar que nos han inculcado, y añádele si tienes hijos y pretendes conciliarlo todo de forma armónica. Si sumamos el querer sentirnos aceptados y recibir la aceptación en forma de cariño o relaciones afectivas que nos conducen a la dependencia, los apegos infantiles que siguen manifestándose en la adultez y las carencias que hemos arrastrado de la adolescencia ¿Este coctel de emociones donde creer que descarga?
Pues muchas veces por evitar conflictos o peleas con los demás, evitando la confrontación familiar o laboral, lo hacemos con nosotros mismos y esta lucha en este caso concreto se manifiesta en el estómago. En resumen la incapacidad de digerir las emociones que se quedan atravesadas o ancladas en este caso en el órgano del sistema digestivo, es la sensación de explotar como si el estómago cogiera más tamaño y acumulamos y nos exigimos cada vez más. Al igual que la necesidad de apego y protección se traduce especialmente en disturbios en el área digestivo. Por ejemplo, cuando la persona necesita de un mejor alimento afectivo.
Todo conflicto capaz de provocar ansiedad, culpa, deseo reprimido o agresividad puede desencadenar manifestaciones somáticas.

Veamos algunos ejemplos:
Hipertensión: se considera como su nombre indica como una extrema tensión, y a la vez, de un fuerte deseo pasivo de librarse de ella. Ambas tensiones son inconscientes y se observan ante todo, en personas que aparentan ser tranquilos e incluso lentas.
Dolores de cabeza: si no hay alguna causa física más profunda, pueden padecerlos personas de bastante inestabilidad emocional. Estos individuos tienen tendencia a la depresión y muestran un gran apego hacia sus progenitores.
La piel: es la frontera física con los demás y con el entorno. Las afecciones dermatológicas señalarían dificultades en las relaciones entre el “yo” y los otros.
Aparato respiratorio: la respiración está vinculada con la angustia. Los resfriados frecuentes o muy largos pueden ser consecuencia de pequeños estados depresivos que no se registran conscientemente.
Tomar nota de estos casos concretos y prestar más atención al cuerpo, es esencial porque nos da señales para afrontar nuestros problemas.

Claves a tener en cuenta:

 Todo el mundo tiene puntos débiles y cuando hay tensión estos puntos débiles tienden a enfermar. Algunos de estos puntos pueden variar dependiendo de las épocas o de los hechos.

Cuando el dolor decide instalarse en tu cuerpo,  hay que preguntarse cosas más serias y profundas… ¿tu vida es satisfactoria?

El síntoma físico es la manifestación del conflicto interno que queremos expresar de alguna forma.

Es más fácil tomarse un ibuprofeno para el dolor de cabeza que pararse a reflexionar sobre el camino de nuestra vida y nuestras emociones.

 Ser consciente de los sentimientos.

 Ser conscientes de los sentimientos en uno mismo constituye una especie de barómetro interno que nos dice que si la actividad que estamos llevando a cabo, o la que vamos a emprender, merece realmente la pena.  En este caso los sentimientos nos proporcionan una imagen global de la experiencia que vivimos. Y, en el caso de que existan discrepancias entre nuestros valores y nuestros sentimientos, el resultado será una profunda inquietud en forma de culpabilidad, vergüenza, dudas, inquietud o remordimientos. Y todo ese ruido de fondo, actúa a modo de niebla emocional que pueden acabar saboteando todos nuestros esfuerzos.

 Como dice el refrán: "si no sabes hacia donde te diriges, cualquier camino sirve", lo cual significa que, cuanto menos conscientes seamos de lo que realmente nos sucede, más perdidos nos hallaremos. Y este “ir a la deriva” puede llegar a dañar seriamente nuestra salud.

 

La Confianza.

 La confianza en sí mismo es la condición indispensable de toda actuación. Porque a falta de ella, las personas carecen de la suficiente convicción para afrontar las dificultades que se les presentan. La confianza en uno mismo proporciona la suficiente seguridad para asumir responsabilidades.

 

Para los que carecen de confianza, cada fracaso confirma su sensación de incompetencia, acompañados de sentimientos de impotencia y una abrumadora sensación de inseguridad. Tienen temor de parecer completos ineptos, renuncian fácilmente a las propias opiniones y juicios, incluso a las buenas ideas, y cuando estos se ven cuestionados. Se asustan ante el más mínimo riesgo, y no saben comunicar las ideas útiles.

 

Si te identificas con lo expuesto, es necesario que tomes la decisión de actuar  y buscar ayuda terapéutica. De lo contrario acabaras amargándote la vida.

 

 

27/09/2017
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